Buen provecho, míster Friedman

En mayo de 1992, a menos de tres meses de concluir las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, participé en la conferencia “Apertura en las Américas, más allá del libre comercio” que se llevó a cabo en el Hotel Camino Real de la Ciudad de México. La figura de ese evento fue Milton Friedman, el Premio Nobel que venía acompañado por un séquito de economistas chilenos adiestrados por él y que formaron parte del entramado que unió a Pinochet con la CIA y Henry Kissinger.

Una generación atrás los abogados dominaban la élite política de México y los economistas mexicanos eran un grupo marginal de nacionalistas, en su mayoría de izquierda. En 1988, con la fanfarria de los políticos estadounidenses e inversionistas extranjeros, unos temerarios políticos mexicanos se embarcaron en un ambicioso programa de privatización, desregulación, recortes presupuestarios y apertura al libre comercio, todo de acuerdo con las prescripciones de la escuela económica de la Universidad de Chicago. Provocaron con esto desbalances comerciales, fiscales y de divisas que fueron financiados con una deuda a corto plazo, contratada en pesos y pagada en dólares. Así nos arrastraron a la crisis económica de 1994, suceso por lo que se dieron a conocer mundialmente, pero por las razones equivocadas. Fueron los primeros economistas neoclásicos mexicanos, formados en Estados Unidos.

Sin embargo, las élites financieras internacionales les recompensaron su ridículo debut poniéndolos al servicio de los organismos internacionales que sostienen el orden mundial de la posguerra: como el expresidente Zedillo en el Foro Económico Mundial y en Consejos de Administración de empresas que él mismo privatizó, José Ángel Gurría en la OCDE o Agustín Cárstens en el Banco de Pagos Internacionales. De la misma forma que Hernán Büchi, e-ministro de Hacienda durante la dictadura militar de Pinochet, fue el vocero del capitalismo global encargado de promover entonces el sistema privado de pensiones de Chile —ese modelo de capitalización individual que los mismos chilenos todavía no acaban de reformar cuatro décadas después[1] y en el cual se inspiraron las Afores mexicanas—.

 

Durante el segundo día de la conferencia el laureado profesor comía solo en una mesa, y no dejé escapar la oportunidad de conversar con un Premio Nobel. Me senté y lo abordé:

—Buen provecho, míster Friedman, ¿cómo podemos adoptar en México las medidas económicas del milagro chileno?

—La clave del éxito de Chile —me contestó—, fue no discutir posiciones políticas, sino la solución a problemas.

Aun con aquella respuesta, no pudo explicar cómo el autoritarismo derivado del Golpe de Estado eliminó la resistencia a la imposición de las drásticas medidas económicas.

 

Con esta argumentación libertaria lograron eliminar de los controles democráticos a unos tecnócratas que promovieron sus recetas económicas aceptando solamente ciertos datos e información que su muy particular ciencia económica aceptaba. De la jerigonza de política monetaria que me sorrajó no pude vislumbrar alguna alternativa menos violenta para crear condiciones similares a las que el golpe militar impuso en Chile. La respuesta la encontré quince años después en un documental llamado La doctrina del Shock[2] donde Naomi Klein sintetizó los métodos alternativos al golpe militar utilizados para replicar el modelo neoliberal por todo el mundo: desastres naturales o crisis económicas[3], como la de 1994 en México. Esa que sirvió de pretexto para privatizar lo poco que quedaba de la infraestructura de comunicaciones y transportes de México[4] y les permitió disolver sin resistencia la Suprema Corte de Justicia[5] para “reformarla” con once ministros, que impidieron revertir los cambios a la Constitución, el TLC y todas las privatizaciones.

Por esto es pertinente cuestionarnos si quienes llevaban las riendas del país provocaron intencionalmente la debacle económica o simplemente eran unos incompetentes ideologizados experimentando con teorías económicas aún no probadas. Hay espacio para la duda por aquel mensaje de Pedro Aspe en la LVIII Convención Nacional Bancaria[6] cuando intentó minimizar el peligro del deterioro en la cuenta corriente y por la despiadada respuesta del mercado apenas dos meses después, contradiciendo ante los hechos el diagnóstico ilusorio o tramposo del secretario de Hacienda.

Será que las vacas sagradas del neoliberalismo mexicano —que se volvieron consultores expertos en resolver los problemas que solo ellos pudieron crear— ya se habrán puesto de acuerdo en qué fue lo que les salió tan mal aquél 19 de diciembre de 1994 o si reconocen que este criminal agravio, intencional o no, solamente les sirvió para retrasar 25 años el proyecto popular de Nación puesto en marcha de forma pacífica el 1º de julio de 2018.

 

Boric propone nuevo sistema de pensiones mixto y fin de las AFP
La doctrina del shock, documental completo – subtitulos espanol – Naomi Klein
John Perkins, en Confesiones de un sicario económico narra cómo fue contratado para convencer a países del Tercer Mundo a pedir cuantiosos préstamos al Banco Mundial para que ya endeudados EEUU les hiciera pagar la deuda a través de favores tales como: bases militares, votos favorables en las Naciones Unidas y acceso a los recursos naturales. Tésis que es reforzada por Naomi Klein en La Doctrina del Shock.
En el sexenio de Ernesto Zedillo se privatizaron los Ferrocarriles Mexicanos, el Sistema Satelital Mexicano y la mayoría de los aeropuertos del país.
El día que Zedillo cerró la Suprema Corte – Contralínea
”Lo importante y distintivo de la actual reactivación es su solidez y permanencia. Por primera vez en un cuarto de siglo, México comienza una fase de expansión en su economía que no está sustentada en el gasto público. El impulso de la recuperación que hoy experimentamos proviene del dinamismo de la inversión privada, del crecimiento de las exportaciones manufactureras y de mejoras sustanciales en la productividad de las empresas. La sana naturaleza de esta reactivación permite que el crecimiento sea sostenible en el largo plazo y que no genere presiones inflacionarias.”  Transcripción de un fragmento del discurso del Dr. Pedro Aspe Armella el 19 de octubre de 1994 en Cancún, QR. Solís, Leopoldo (1996) Crisis económico-financiera 1994-1995 Anexos p. 134
 
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