En México se ha utilizado el término «resentido social» para señalar a aquella persona marginada que se expresa con impotencia, rencor, odio y rechazo total a quienes considera culpables de su situación. En los últimos años ha surgido un fenómeno con características similares dentro de ciertos sectores acomodados de nuestra sociedad por la pérdida de sus privilegios sustentados en un clasismo frágil.
El discurso de odio y la apología del delito promovido por tres senadoras panistas[1] y la reciente agresión que sufrió el periodista Vicente Serrano por parte de un comediante en pleno centro comercial[2] nos muestran cómo se transita de la discriminación a la violencia. Preocupa mucho la similitud con las crecientes manifestaciones de supremacistas blancos o grupos de odio de la ultraderecha[3] que en los EE. UU. se ha salido de control[4].
No es la primera vez en México que un grupo social prominente pierde su brillo y relevancia. En los años 80 las élites industriales, que florecieron con la reserva del mercado a la producción nacional, fueron reemplazadas por una nueva generación de casa bolseros que se hicieron de las empresas rescatadas por el Estado mexicano durante las crisis económicas del 76 y del 82. La hacienda pública nunca alcanza para todos y aquellos gobiernos eligieron quienes recibirían recursos públicos para sortear la crisis y conservar sus empresas; el Grupo Alfa[5] salvado de la quiebra con un préstamo de Banobras por 1,000 millones de dólares en 1981 —equivalente a la cuarta parte del endeudamiento privado externo— y los dueños de casi 4,000 empresas exportadoras que se afircorcaron[6].
La película Las Niñas Bien[7], aguda sátira de esa época, muestra con la icónica frase de Sofía de Garay «no digas provechito» el desprecio de las atrofiadas élites hacia los nuevos ricos quienes les desplazaron social y económicamente. Sin embargo, a diferencia de los resentidos sociales de hoy que exhiben una enorme frustración, los juniors de aquellos industriales que quedaron a la deriva, se tragaron su orgullo para acomodarse en las Casas de Bolsa de los nuevos ricos. Encontraron ahí un camino para cumplir sus aspiraciones de clase emulando a Gordon Gekko[8] y, aunque algunos abandonaron el país a raíz del crac de la bolsa de 1987, salieron adelante en agencias de desarrollo, en fundaciones, incorporándose al servicio público o a empresas multinacionales que florecieron con la apertura comercial o incluso relanzando las empresas familiares.
Por otro lado, millones de personas marginadas por políticas públicas que promovieron privatizaciones, liberación de mercados, reducción de subsidios al campo, contención salarial, apertura de fronteras y que hipotecaron el futuro de las siguientes generaciones sobreexplotando recursos naturales y adquiriendo una enorme deuda pública, hoy se hacen visibles con una relevancia política sin precedentes y ven con esperanza la posibilidad de alcanzar una vida digna de forma pacífica. Una aspiración tan modesta como genuina que proyecta un contagioso optimismo contrastado con el espíritu rencoroso, iracundo, vulgar y revanchista de los nuevos resentidos sociales.
Pareciera que el miedo, real o imaginario, es el poderoso motivo detrás del odio patológico y los prejuicios contra las mayorías empoderadas, como lo plantea magistralmente la interpretación de Colin Firth en el segmento La cátedra del miedo[9] —adaptación al cine de la novela Un hombre soltero de Christopher Isherwood, 1964—; «El miedo, después de todo, es nuestro verdadero enemigo. El miedo se está apoderando de nuestro mundo. El miedo está siendo utilizado como una herramienta de manipulación en nuestra sociedad».
Así como los hijos de empresarios que perdieron su patrimonio en los años 80 contarán a sus propios hijos cómo se ganaron un lugar en el mundo globalizado sin recibir apoyos con dinero público, esperemos que quienes hoy temen no poder alcanzar sus legítimas aspiraciones por sentirse relegados de las prioridades de la agenda nacional[10] superen sus miedos, encuentren pronto su vocación y así contribuyan a la construcción de una sociedad más justa. Mientras lo logran, ¿qué hacer con su discurso de odio y con las voces que les manipulan alimentando sus miedos?
[1] Pedro Ferriz Hijar hizo un llamado a bajarle al discurso violento. Consideró que Xóchitl Gálvez, Kenia López Rabadán y Lilly Téllez amenazaron y están promoviendo el odio siendo legisladoras
[2] Vicente Serrano denuncia agresión de Héctor Suárez Gomís; le rompió los lentes
[3] Nuevo máximo en Alemania de delitos de carácter político en 2021
[4] Tiroteos masivos en EE.UU. este fin de semana dejan ocho muertos y más de 60 heridos
[5] Sector Clave de Helio Flores (1981) Cartón testimonio del trato deferente al Grupo Alfa por parte del gobierno de José López Portillo, como lo fueron la visita del Presidente a los estudiantes del ITESM de la que mi generación fuimos testigos y la estatua ecuestre erigida en Monterrey al año siguiente.
[6] Desde 1983, el Ficorca ofreció cobertura cambiaria a casi 4 mil empresas privadas
[7] Las niñas bien, (2019) Alejandra Márquez Abella. inspirada en los textos de Guadalupe Loaeza
[8] Personaje principal de la película Wall Street, (1987) Oliver Stone, Inspirado en Ivan Boesky, corredor de bolsa acusado de evasión de impuestos y uso de información privilegiada en los años 80s.
[9] El miedo es nuestro peor enemigo, Escena de la Película Hombre Soltero (2009) Tom Ford
[10] Apoyo universal y directo a grupos vulnerables, desarrollar regiones históricamente olvidadas y la recuperación de la soberanía energética y alimentaria sin contraer más deuda han sido las prioridades presupuestales del gobierno actual descartando, por ejemplo, subsidiar empresas durante la pandemia. Como se menciona en el artículo, en los años 80s la política de subsidios a empresas exportadoras dejó a su suerte a aquellas que atendían al mercado nacional. En los años 90s se rescató con dinero público a los bancos dejando sin protección a individuos y empresas chicas y medianas endeudadas.
