Con dinero baila el perro

Leonard Leo, el Opus Dei, Citizens United y una donación de 1,650 millones de dólares —una minoría organizada y bien financiada—reescribieron el derecho al aborto en EE. UU.

Las oligarquías no necesitan destruir la democracia para gobernarnos, lo hacen a través de ella. Esa es la tesis del politólogo Jeffrey Winters en su reciente libro The Blind Spot, que se explica a partir de una paradoja sencilla: la democracia iguala el voto, pero no iguala el poder.[1] Y aquí aparece nuestro problema: mientras izquierdas y derechas se entretienen librando guerras identitarias —unos contra el wokismo, otros contra el patriarcado; unos por el planeta, otros por la tradición; unos por las fronteras, otros por la identidad—, los privilegios de los poderosos permanecen intactos. La discusión pública se convierte en un espectáculo de espejos: todos gritan, todos se indignan, todos se sienten protagonistas, pero pocos miran a los de arriba.

La decisión de la Suprema Corte de Estados Unidos que en 2022 revirtió la histórica sentencia Roe vs. Wade[2] ofrece un ejemplo brutal. Una mayoría social que durante décadas apoyó el derecho al aborto terminó derrotada por una concentración extraordinaria de dinero y una estrategia de décadas para transformar la composición de la Corte. Nominaciones, campañas, elecciones, y nombramientos dentro de las reglas democráticas, pero con resultados contramayoritarios.

Alex Gibney explica el mecanismo en el segundo capítulo de su documental The Dark Money Game, “Wealth of the Wicked”: las corporaciones tenían mucho dinero, pero no los votos; los conservadores antiaborto tenían muchos votos, pero necesitaban dinero. Los primeros aportaron recursos para desmontar las restricciones al financiamiento político; los segundos, la causa capaz de movilizar una base electoral. La alianza terminó encontrando su primera victoria jurídica en 2010 con Citizens United.[3]

Leonard Leo, un estratega conservador cercano al Opus Dei, fue el arquitecto de la mayoría conservadora de la Suprema Corte.[4] Durante décadas se dedicó a identificar candidatos judiciales, movilizar donantes y a participar en campañas de confirmación de donde saldrían cinco de los seis jueces conservadores cuyos votos eliminaron la protección constitucional federal reconocida por Roe. Con Trump llegaron Gorsuch, Kavanaugh y Barrett. Él puso las firmas; el Senado, los votos; la Corte, la sentencia que anuló el derecho constitucional al aborto reconocido por Roe, devolviendo a los estados la facultad de regularlo. De paso abrieron un nuevo frente en las disputas simbólicas de una sociedad profundamente dividida.

Al convertir el gasto político en una forma protegida de libertad de expresión, la Constitución dejó de ser un límite al poder del dinero para convertirse en una de sus armas más potentes. Once años después, Barre Seid mostró hasta dónde podía llegar esa lógica perversa cuando transfirió su fortuna al Marble Freedom Trust, controlado por Leo, en la operación que ProPublica documentó como la mayor donación política conocida en Estados Unidos.[5]

El movimiento antiaborto aportó la intensidad electoral que el dinero no podía comprar mediante una minoría organizada, disciplinada y dispuesta a votar durante décadas por una causa concreta. En enero de 2026, 60% de los estadounidenses seguía considerando que el aborto debería ser legal en todos o en la mayoría de los casos. Ese respaldo social no estuvo representado en la Corte que desmontó la protección constitucional del aborto. Mientras millones discutían derechos culturales en redes, una minoría conservadora construía carreras judiciales, ganaba litigios y tejía alianzas para recortar derechos sociales: salud, vivienda y sindicatos libres.

El entramado del Opus Dei y los 1,650 millones de Seid confluyen en una misma cadena de poder donde el dinero oscuro financia la operación y “la obra” aporta cuadros, relaciones y legitimidad. El Catholic Information Center de Washington, administrado por sacerdotes del Opus Dei, tuvo a Leonard Leo en su Consejo y en 2022 le otorgó el premio Juan Pablo II.[6] Gareth Gore documenta en Opus la dimensión financiera y social de esa estructura.[7] Leo se convirtió así en el nodo donde convergen donantes, juristas y redes del catolicismo conservador.

El punto ciego de las democracias occidentales es que facilitan que todos voten, pero no garantiza que tengan la misma capacidad para convertir sus preferencias en poder. Las mayorías en EE. UU. están de acuerdo con los derechos reproductivos y todavía así los perdieron. Hay elecciones libres, pero unos cuantos tienen una influencia desproporcionada sobre quién llega a la Suprema Corte.

Las oligarquías no compran sentencias, les basta con seguir financiando los mecanismos para convertir dinero en poder, mientras nos desgastamos en la lucha por el reconocimiento. Cuando las sentencias llegan, todo parece perfectamente democrático: el perro baila, el público aplaude, la mayoría pierde y el dinero fluye hacia quienes pagaron la música. Con dinero baila el perro.


[1] Democracy’s terrible secret”, Prospect Magazine.

[2] En 1973 la Corte Suprema de los Estados Unidos garantizó a las mujeres un derecho constitucional fundamental a elegir abortar.

[3] Alex Gibney, HBO Max: The Dark Money Game, episodio 2, “Wealth of the Wicked”.

[4] The Shadow Pope of K Street – by Michael Fox

[5] La investigación documenta que Seid transfirió el 100% de Tripp Lite al trust de Leonard Leo.

[6] Catholic Information Center, “2022 John Paul II New Evangelization Awardee”.

[7] Gareth Gore, Opus: Ingeniería financiera, manipulación de personas y conspiración de la extrema derecha en el seno de la iglesia católica

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