Cónclave humanista

El humanismo mexicano toma relevancia y gana prestigio por ser un modelo civilizatorio que permite construir consensos mayoritarios al interior de la sociedad y para conducirse con soberanía en el plano internacional, por esto, México es un referente para los pueblos de la tierra que buscan recuperar la esencia de la especie humana: esa capacidad de hacer prevalecer la dignidad de todos, empezando por los más vulnerables.

La adaptación al cine de Cónclave, el thriller psicológico de Robert Harris inspirado en la elección de Jorge Bergoglio como el primer papa de Latinoamérica, se presentó en el Festival Internacional de Cine de Morelia el pasado octubre. La novela original se centra en las tensiones entre los cardenales provenientes de Europa y aquellos de regiones en crecimiento demográfico como África, Asia y América Latina. Sin embargo, la versión cinematográfica actualiza la trama con acontecimientos relevantes de la década pasada e incorpora a Vincent Benitez, un cardenal mexicano que desafía al espectador hasta hacerlo reconsiderar sus nociones del poder, el género, así como de las posibilidades de reformar desde el interior a una de las instituciones más conservadoras y tradicionales que existen.

El Vaticano es un Estado teocrático y patriarcal encabezado por un pontífice máximo que se conduce con autoridad absoluta sobre la jerarquía católica. Cada vez que renueva su liderazgo se organiza el Cónclave, uno de los ritos más secretos y ritualizados existentes. Aprovechando este halo de misterio el guion de Cónclave especula con las ambiciones mundanas de los cardenales para ganar el voto de sus pares y, así, ser elegidos sumo pontífice. En la novela de Harris, el personaje designado pertenece a una facción moderada dentro del Colegio Cardenalicio, que representa una postura ideológica centrada y pragmática, buscando unir las diversas corrientes dentro de la Iglesia. Su liderazgo se percibe como un esfuerzo por equilibrar las necesidades de modernización con el respeto a la tradición eclesiástica, por tanto, es seleccionado para servir como un puente entre las fuerzas conservadoras y progresistas del Vaticano.

En contraste la versión dirigida por Edward Berger, ganador del Oscar a Mejor Película Internacional de 2022 por Sin novedad en el frente, destaca la visión del cardenal Benitez sobre la Iglesia y su papel en el mundo. Su origen mexicano y la trayectoria eclesiástica que lo llevó a servir en algunas de las zonas más conflictivas del mundo, como el Congo y Afganistán, son los antecedentes que dan contexto y sustento a sus intervenciones en los espacios de diálogo a puerta cerrada del cónclave, con las que en cada votación gana preferencias entre los cardenales.

Utilizando palabras llenas de compasión y en un tono que invita a la reflexión, más que a la confrontación directa, Benitez se convierte en uno de los candidatos más sólidos al papado por construir con sus declaraciones un liderazgo humanista que contrasta con los argumentos misóginos, violentos y paternalistas de sus contrapartes.  Contrario a la ambición de poder, Benitez habla con humildad del pontificado como un acto de amor, más que de autoridad, invitando a los cardenales a reconsiderar su labor pastoral desde la perspectiva del servicio al prójimo. Cuando ocurre un atentado subraya la importancia del amor y la comprensión como respuesta al odio.[1] Las inferencias al humanismo mexicano en las posturas del cardenal,[2] pronunciadas en español mexicano en la versión original de la película, no escapan la atención del público familiarizado con la transformación de México.

Un giro argumental nos deja entrever que el liderazgo compasivo de Benitez se debe a una cierta condición genético-fisiológica, que limita sus posibilidades de ser elegido. Pocas personas sabían de esto, entre ellas el difunto pontífice, con quien Benitez tuvo una conexión especial, lo que sugiere también que era su favorito para sucederlo y poder conducir la iglesia bajo los principios humanistas de la dignidad, la ética y la compasión procurando el bienestar de las personas.

Incorporar al Cardenal Benítez en el guion de Cónclave muestra cómo los liderazgos compasivos —como el que México puso en práctica en 2018— enaltecen la dignidad humana, buscan la justicia social y promueven el desarrollo equitativo y la igualdad sustantiva para las mujeres. Así construyen una alternativa realista a los estilos de masculinidad hegemónica dominantes que hoy nos arrastran a la barbarie facilitando actos de genocidio a la vista de todo el mundo, provocan conflictos bélicos, que conllevan hasta riesgos nucleares, para defender un modelo económico que favorece a sus intereses y también desatan guerras comerciales y crisis migratorias que hoy nos tienen al borde de un cataclismo climático.

El humanismo mexicano toma relevancia y gana prestigio por ser un modelo civilizatorio que permite construir consensos mayoritarios al interior de la sociedad y para conducirse con soberanía en el plano internacional, por esto, México es un referente para los pueblos de la tierra que buscan recuperar la esencia de la especie humana: esa capacidad de hacer prevalecer la dignidad de todos, empezando por los más vulnerables.


[1]Tan solo le faltó al cardenal utilizar la frase “abrazos, no balazos” en su mensaje.

[2] El humanismo mexicano es el movimiento político y social que reinterpreta los principios del humanismo clásico a la realidad y necesidades contemporáneas de México que, desde abajo, busca devolver la dignidad al noble ejercicio de hacer política: Ni progres ni fachos / El Soberano.

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