Disculpe el tiradero

Tuve la fortuna de acompañar a mi hijo a la premier de Retrograde[1], un documental en el que colaboró, dirigido por Matthew Heineman y que trata del caos que dejó la súbita retirada del ejército estadounidense de Afganistán. El film —comisionado por National Geographic— muestra escenas íntimas de un grupo de Boinas Verdes desplegado en Camp Bastion; las acciones de resistencia ante el avance Talibán de un general afgano y a cientos de personas en el aeropuerto de Kabul en espera de ser evacuados horas antes del horrendo atentado del 26 de agosto de 2021, perpetrado por el «Estado Islámico» (ISIS), que dejó a más de 170 civiles afganos, 28 miembros del Talibán y 13 militares estadounidenses muertos. Entender de primera mano cómo se construyen estas nuevas narrativas, mucho más reflexivas, humanas, e incluso solidarias con el país agredido por parte de un influyente y poderoso conglomerado mediático del país invasor revela las capacidades creativas a la mano para cautivar audiencias cada vez más sofisticadas en sus preferencias.

«Ojos que no ven, ¿corazón que piensa?»[2] es un artículo que escribí hace unos meses para hablar de la evolución del fotoperiodismo bélico que tuvo su momento de mayor auge en la guerra de Vietnam y que, tiempo después, fue reemplazado por la cobertura mediática de despolitización a partir de la primera Guerra del Golfo. En ese texto puse como ejemplo la manipulación de la opinión pública occidental[3] para obtener el apoyo a las sanciones contra Rusia por invadir Ucrania. El aporte en la narrativa de Retrograde es que logra centrar su mirada en las tribulaciones de quienes están involucrados de forma directa con  el conflicto, un estilo emergente que revela los enormes alcances y el potencial del lenguaje cinematográfico.

Un sello que distingue los documentales de Matthew Heineman —también director de Tierra de Cárteles (2015)[4] donde acompaña a grupos de autodefensas en Michoacán y en Arizona en su lucha— es que desarrolla historias filmadas desde el lugar de los hechos, de esta manera se elimina la artificialidad en las escenas. Este tipo de filme recibe el nombre de Cine Verité, un estilo de producción que captura nuestra atención con poderosas narrativas en donde la realidad mostrada permite profundizar el entendimiento colectivo de situaciones cada vez más complejas, aunque arriesga por igual la vida de cinematógrafos como de protagonista. El interés que captura esta innovadora forma de contar las cosas es cada vez mayor, por lo que el género documental conquista espacios y presupuestos, así como premios y reconocimientos en la industria del cine.

El fin de la «Guerra Interminable», conflicto detonado por la invasión a Afganistán el 7 de octubre de 2001 bajo el pretexto del ataque a las torres gemelas del 11-S, cierra otro capítulo violento de las constantes conflagraciones que EEUU ha vivido desde que obtuvieron su independencia hace casi 250 años. A su vez culmina la más reciente de las agresiones que Afganistán ha sufrido desde aquella primavera de 1839, cuando el imperio británico les invadió por primera vez para desalentar una supuesta amenaza de Rusia sobre la India[5]. Una y otra vez tribus montañeses han humillado y obligado a británicos, soviéticos y estadounidenses a retirarse, poniendo en evidencia su insensatez y arrogancia colonialistas[6]. Lo que revela Retrograde es un recuento de lo inútil de derramar sangre, del dolor y de la destrucción que trae la guerra, de los impactos emocionales de quienes viven en la zona del conflicto y de las repercusiones en la sociedad del país agresor. Ahora el ejército de EE. UU. se retira de Afganistán sin pedir disculpas por el tiradero que dejaron, si acaso, unos cuantos lamentaron el regreso del Talibán.

Con Tierra de Cárteles, Heineman obtuvo una nominación al Oscar despertando una fuerte empatía en José Manuel Mireles y su causa como líder de las Autodefensas. El Docu evidenció la injusticia detrás de la persecución y encarcelamiento que sufrió el Dr. Mireles durante el gobierno de Peña Nieto. ¿Será el Documental Verité[7] una alternativa al fotoperiodismo que ayude a recuperar la capacidad de los medios de comunicación de ejercer una perspectiva crítica sobre las intenciones, la conducción y la efectividad en los conflictos armados?

Un primer vistazo a RETROGRADE, un nuevo documental de National Geographic Documentary Films, que captura los últimos nueve meses de la guerra de 20 años de Estados Unidos en Afganistán desde múltiples perspectivas
Ojos que ven, ¿corazón que piensa? – El Soberano
Exhibir la bandera de Ucrania se convirtió en una moda entre grupos “progres-buena-ondita” en los países occidentales. La vemos en los marcadores de partidos de fútbol y en perfiles de Redes Sociales, una iniciativa poco orgánica y sin precedentes en el caso de invasiones o ataques recientes de países occidentales y sus aliados como en Yemen, Palestina, Honduras, Libia, Siria, Irak y Afganistán mismo. No sería extraño que de escalar el conflicto en Taiwán su bandera se volviera omnipresente.
‘Tierra de cárteles’, un documental sobre autodefensas.
El retorno de un rey. Desastre británico en Afganistán 1839-1842
El documental Bitter Lake, de Adam Curtis (2015) presenta una narrativa diferente y muy emotiva de lo que realmente ha sucedido en Afganistán. Un contrapunto a las historias planas, estrechas y cada vez más destructivas que cuentan los que están en el poder hoy.
The Rules of Cinema Vérité Documentary Filmmaking

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