El cleptócrata del año

La legendaria revista norteameriana The New Republic acaba de nombrar en su más reciente edición al príncipe heredero Saudi Mohammed bin Salmán, MBS, como el “Cleptócrata del año 2022” por salirse con la suya con el secuestro, asesinato y desmembramiento de Jamal Khashoggi  —periodista y columnista de opinión en The Washington Post— en el consulado de Arabia Saudita en Estambul en 2018. Y es que, a pesar de que Joseph Biden se refirió a MBS como “paria” en su campaña electoral de 2019, el Departamento de Estado de EE. UU. determinó el pasado noviembre que el Príncipe Saudí cuenta con inmunidad diplomática al haber sido nombrado Primer Ministro en septiembre por su padre, el rey Salmán bin Abdulaziz. Esta resolución es tan mala noticia para el periodismo y la libertad de expresión como cuando la Ministra del Interior del Reino Unido aprobó la extradición de Julian Assange a los EE. UU. en junio de 2022. Además, es un ejemplo claro de cómo los EE. UU. han desmantelado de manera proactiva el orden internacional establecido al finalizar la Guerra Fría en 1991 para hacer retroceder la globalización, ya que ahora piensan que esta se produce a expensas del poder estadounidense. 

La inmunidad diplomática o el derecho internacional nunca han sido un obstáculo para que los EE. UU. intervenga cuando de recursos energéticos se trata. La larga lista de magnicidios, golpes de Estado e invasiones —a partir del derrocamiento por parte de la CIA en 1953 de Mohámmad Mosáddeq para apropiarse del petróleo iraní— son prueba de ello. Sin embargo, luego de la invasión de Rusia a Ucrania en febrero de 2022, la imagen internacional de MBS ha sido rehabilitada al ser cortejado por líderes de países industrializados como Macron o el mismo Biden que ignoran el asunto Khashoggi para suplicar por el petróleo saudí, cuando al mismo tiempo el Congreso norteamericano por medio de la National Endowment for Democracy (NED), combate a los cleptócratas no alineados rusos. 

También el periodismo es víctima de este episodio de doble moral y promoción selectiva de los derechos humanos. Khashoggi fue editor en jefe del diario progresista saudí Al Watan y dirigió el efímero canal de noticias Al-Arab News Channel. Huyó de Arabia Saudita en 2017 en busca del cobijo de instituciones periodísticas occidentales para ejercer su oficio  y empezó a escribir en el Washington Post artículos críticos del gobierno de su país y en contra de la sangrienta intervención saudí en Yemen. Tras su asesinato, la línea editorial del emblemático periódico estadounidense denunció el incumplimiento de la promesa de campaña presidencial en tomar algún tipo de represalia o sanción contra MSB, pese que aprobó la muerte del periodista incómodo a su régimen. Sin embargo, la administración de Biden estaba más preocupada en sostener la hegemonía norteamericana ante el resurgimiento de Estados rivales, en particular China y Rusia , que se integraron a la economía global sin adoptar los valores estadounidenses como se esperaba. 

Para reafirmar el control sobre sus aliados descarriados, Estados Unidos está provocando un conflicto geopolítico mayor al promover la competencia entre grandes potencias intentando desarticular, al mismo tiempo, la integración económica regional de Rusia con Europa y de China con Asia. La intransigente expansión de la OTAN ―encendiendo el conflicto en Ucrania― va de la mano con el objetivo de destruir el mercado energético del país eslavo, lo que ha implicado un enorme costo para las economías de sus aliados europeos. Por otro lado, los agresivos esfuerzos por contener a China que escalaron las tensiones en el Estrecho de Taiwán, acompañan el intento de desmantelar la cadena de suministro de semiconductores asiática mientras la reconstruyen por la fuerza al interior de la zona económica del T-MEC. 

A medida que los EE. UU. tratan de recuperar su hegemonía, otros países se ven obligados a reforzar su autonomía, aumentar sus capacidades productivas y a construir alianzas estratégicas para evitar ser dominados. Esto ha creado una nueva carrera armamentista, boicots comerciales, espionaje industrial y también la expansión de bloques alternativos a Occidente, como los BRICS, la Organización de Cooperación de Shanghái, la UNASUR o la Unión Africana de Gadafi, quién pagó muy caro su afrenta. La realidad de la multipolaridad contemporánea donde no solo compiten las grandes potencias rivales, sino múltiples naciones emergentes, como India, Turquía, Indonesia y Nigeria que luchan por tener influencia, hacen este mundo menos estable, menos seguro y más dividido. No solamente la integridad y libertad de los periodistas están en riesgo, peligra también la vida civilizada.

 
 

 

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