“El pasado está siempre presente”, dijo el simbolista Maeterlinck buscando descifrar al mundo. Interpretaba los hechos del presente tomando como referente el pasado, formando así paralelismos. A través del Sermón de Montesinos en la película También la Lluvia (2010) se crea un paralelismo entre la Guerra del Agua derivada de la privatización del suministro de agua a Cochabamba, y la conquista española.
Habían transcurrido menos de 20 años desde que Cristóbal Colón puso pie en la isla que bautizó como La Hispaniola para que algunos frailes denunciaran los abusos en contra de los Taínos, quienes les habían dado la bienvenida a sus tierras. En nombre de dios múltiples órdenes religiosas fueron cómplices del naciente imperio español para la conquista del territorio, la explotación de los indígenas y la extracción de los recursos naturales durante tres siglos. El Sermón de Montesinos fue una de las primeras y más radicales denuncias de los abusos de la conquista española. Mientras se ensaya la escena del sermón la mirada de los trabajadores del set nos revela que todo sigue igual.
500 años después, impulsado por el Banco Mundial, el gobierno de Bolivia liderado por el General Hugo Banzer adjudicó al consorcio Aguas de Tunari —controlado por las empresas Bechtel de capital americano y la española Abengoa— la concesión para privatizar el agua en la ciudad de Cochabamba. En nombre del mercado el consorcio aumentó las tarifas del agua hasta un 300% y prohibió a la población recoger el agua de la lluvia. Fue así como se desencadenó una ola de protestas a las que se unieron los cultivadores de coca de Bolivia, quienes terminaron por llevar a la presidencia en diciembre de 2005, a su líder, el entonces congresista Evo Morales.
Abengoa tiene más de 40 años operando en México y ostenta en su reporte anual de 2020 contar con 2.5 GW de capacidad instalada para la generación de energía convencional y 383 MW de energía limpia. Credenciales como estas, con una relación de 8:1 entre energías convencionales vs. renovables, son muestra de la desfachatez de las grandes empresas productoras y consumidoras de electricidad que declinaran su participación en el foro 24 del parlamento abierto convocado por la Cámara de Diputados (Eléctricas desairan Parlamento Abierto). En el nombre del cambio climático y con el argumento falaz de que ellos invierten en energías limpias dentro del país y que renovarán la matriz energética de México —con menos del 1.3% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero— se presentan como la única alternativa para salvar al planeta.
Aquella movilización de múltiples sectores del pueblo boliviano en defensa del agua hace 20 años, con la que lograron echar para atrás la iniciativa privatizadora y mejor aún, cambiar de raíz las relaciones de poder existentes por 500 años, está presente hoy en la lucha legislativa por recuperar la rectoría del Estado Mexicano en materia energética. Hemos descubierto la compleja red de intereses en la que participan fondos de inversión, consorcios mediáticos, partidos políticos, así como grandes empresas generadoras y consumidoras de energía que apoyaron la reforma constitucional de 2013. El terrorismo ideológico, hace cinco siglos, promovió una vida de resignación y penurias a cambio de una vida eterna; hoy está presente un discurso de ecologismo catastrófico que invita a sacrificar nuestra soberanía energética a cambio de un paraíso ecológico futuro garantizado por el mercado.
Un Pueblo que ha abierto los ojos ya no se traga el cuento —para que se le despoje y se le explote— de obedecer ni en el nombre de dios, ni en nombre del mercado, ni del cambio climático, ni de lo próximo que se les ocurra. ¿Qué pasará si fracasa la lucha legislativa de la reforma energética? El ejemplo de nuestros compañeros bolivianos en la Guerra del Agua del 2000 es más que inspirador por sus alcances. Amén.
