
Vidas llevadas al límite; escenas cargadas de adrenalina con sofisticadas máquinas que provocan destrucción y muerte; apología a la guerra y exaltación de la disciplina castrense son lugares comunes en las películas bélicas y la secuela Top Gun Maverick[1] no es la excepción. La metáfora de la madurez profesional del protagonista, Maverick, capturó mi atención por la vigencia que tienen sus convicciones en el fin de una era, y por traerme recuerdos de personas y experiencias entrañables de mi vida.
La milicia como cualquier institución jerárquica genera códigos de conducta para conformar la “utopía” que le dio origen y para regular el modo de pensar, hablar y vestir de sus miembros. Por eso, quienes ascienden en la organización son aquellos que mejor asumen, representan y defienden los valores del ideario institucional. Buscando reducir la dependencia de las personas y aumentar la efectividad de los ataques, la burocracia militar ha creado avanzadas armas de destrucción, como los vehículos aéreos de combate no tripulados, «drones». Sin embargo, en esta secuela nos enfrentamos ante una realidad en la que este poderoso arsenal no es suficiente para cumplir la misión, es aquí cuando aparece nuestro personaje principal.
Pete «Maverick» Mitchell, un veterano con más de 30 años en la Marina que se ha mantenido como piloto rechazando cualquier ascenso y evitando, una y otra vez, que le den de baja. Por órdenes superiores es requerido para instruir a jóvenes aviadores de élite y por encima de los responsables de la misión se le pide que enseñe técnicas de vuelo que entraron en desuso con la digitalización[2], pues resulta que hay un lugar en donde toda esa tecnología de la que hoy dependen no funciona.
El rebelde capitán es puesto a cargo del re-adiestramiento de pilotos arrogantes que ni siquiera imaginan que alguien pudiera enseñarles algo nuevo. Como en la película original vemos las tensiones entre los aviadores y el entrenador, las humillaciones por parte de sus superiores, los cuerpos sudorosos, bronceados y la fraternización en un bar. Lo que vuelve memorable a esta nueva versión es la escena del emotivo encuentro con Tom «Iceman» Kazansky[3], su antiguo rival de la Academia Top Gun, ahora comandante de la Flota del Pacífico y quien ordenó su nombramiento como instructor. El contraste entre los viejos amigos no puede ser mayor: vemos, por un lado, al piloto que se resiste a envejecer, fiel a sí mismo y con el privilegio de dedicar su vida a lo que mejor hace y más le gusta, por otro lado, nos encontramos a un Almirante enfermo, fiel a su institución y con los privilegios que su rango le otorga.
Cuando escuché decir a Pete Mitchell: «No se trata de que aprendan lo que yo sé hacer, sino que sepan quién soy yo, ¿y cómo enseño esto?» recordé ese momento en mi vida en el que entendí que lo más auténtico, efectivo y sostenible era ser yo mismo. La memoria de tus cicatrices te dice cómo responder ante las circunstancias y cuándo mandar al diablo los códigos que sustentan el aparato burocrático de la organización para proteger a la organización de sí misma. Es obedecer el impulso de meter el cuerpo por tu equipo, como lo vemos cuando al ser separado de su cargo, Maverick irrumpe en los entrenamientos demostrando que la determinación humana no tiene límites, para poner en evidencia al cobarde Vicealmirante dispuesto a sacrificar a sus pilotos con tal de cumplir la misión y favorecer su carrera militar.
Con el paso de los años, con herramientas, métodos y tecnologías cada vez más sofisticadas, hay habilidades que aparentan volverse obsoletas. Sin embargo, el dramático cambio de época que estamos viviendo nos recuerda que un liderazgo natural, junto con la convicción y el compromiso son elementos personales irremplazables que inspiran a los demás. Como lo vemos en las últimas escenas de la película, cuándo sin necesidad de pedirlo haya quienes arriesguen el pellejo por ti, sabrás que te han adoptado como su líder.
[1]Cine aparte • Top Gun: Maverick Recomiendo la reseña de @f_solorzano en la que plantea que lo más valioso del film es el paralelismo del arco del protagonista con la vida misma del actor Tom Cruise.
[2]La TikTokracia del “no me toca” | El Informador Desde el auge del correo electrónico y los libros digitales se ha generado una falsa expectativa de que lo físico será reemplazado completamente por lo digital en múltiples ámbitos de nuestra vida. Querer gobernar por medio de redes sociales es uno de los más torpes ejemplos recientes de esto en México.
[3]Val, Documental disponible en Prime Video Interpretado por Val Kilmer, quien perdió la voz por un cáncer de garganta. Este documental crudo y muy original revela una vida vivida al extremo y una mirada sincera sobre lo que significa ser un artista.