El escritor checo Milan Kundera llamó imagología al estudio del poder de la imagen pública sobre la sociedad. Así abarcó en un solo concepto a instituciones como agencias publicitarias y medios de comunicación masiva, junto con asesores de hombres de Estado, creadores de moda, diseñadores industriales y líderes de opinión, quienes en conjunto imponen a la sociedad sistemas de ideales y antiideales. Como las normas de belleza, que se caracterizan por ser modas rápidamente reemplazables, de la misma manera, estas instituciones y líderes de opinión, comparten la volatilidad con la que cambian las ideologías que difunden.
Publicar listas de popularidad, generar noticias falsas para subir o bajar candidatos, crear alarmas sociales sin fundamento para inclinar la opinión popular a favor o en contra de determinadas causas, o simplemente decir mentiras, son algunos de los mecanismos, enlistados en la novela La inmortalidad de Milan Kundera, con los que los imagólogos han creado un ambiente fuera de la realidad en donde los veredictos de los sondeos se han convertido en la verdad imponiendo una especie de realidad superior controlada por ellos para influir en nuestro comportamiento, nuestras opiniones políticas, preferencias estéticas y decisiones de compra como en otros tiempos fueron capaces de dominar los sistemas ideológicos como el comunismo o la religión cristiana. Sin embargo, las ideologías siempre son derrotadas: sus dogmas son finalmente desenmascarados como simples ilusiones y la gente deja de tomarlos en serio y la imagología ha conquistado en las últimas décadas una victoria histórica sobre la ideología.
La construcción de la imagen de Xóchitl Gálvez, aspirante a candidata del Frente Amplio por México, es un ejemplo de cómo, a más 30 años de la publicación de esta novela, se siguen utilizando imágenes artificiales para decretar que una persona es exitosa por haber superado la pobreza a pesar de ser mujer indígena. ¿En qué medida tendrá éxito esta apresurada estrategia de propaganda en los tiempos políticos actuales como, sin duda, se tuvo hace dos décadas con la imagen de Enrique Peña Nieto cuando lanzó su candidatura para gobernador del Estado de México?
A diferencia del sexenio pasado hoy tenemos las mañaneras, que rompen el cerco mediático al hoy Presidente, y los recorridos de los aspirantes a la Coordinación de los Comités para la defensa de la 4T, que funcionan como mecanismos de comunicación directa con la población mexicana. Ambos instrumentos están siendo impugnados y saboteados por quienes controlan los medios de comunicación hegemónicos porque, interactuar con el electorado en la Plaza Pública, les permite contrastar a personajes de carne y hueso con aquellas figuras construidas como un producto de consumo masivo. Además, no es de extrañar que la Ley electoral vigente prevenga la interacción directa con el electorado, ya que fue formulada para favorecer la contratación de los medios de comunicación con mayores audiencias para beneficiarse del presupuesto de las campañas —una transferencia más de dinero público a manos privadas— así como para conocer de antemano los contenidos de los mensajes de la oposición para anticiparse en caso de ser necesario.
Ese fue el dilema de la última campaña de Cuauhtémoc Cárdenas en el año 2000, plasmado en el documental El Ingeniero[1], cuando decidió no gastar el presupuesto en comerciales de televisión, sino llevar sus actos de campaña por todo el territorio nacional[2] que junto con aquel profético mensaje al equipo de campaña: “esta lucha no ha terminado, y seguimos”, sentó las bases para que la izquierda conquistara la silla presidencial en 2018, contradiciendo por primera vez en los hechos aquel pesimismo con el que Kundera escribió en 1990: “…el poder de los imagólogos vivirá siempre en la verdad y, aunque sé que todo lo humano es perecedero, no soy capaz de imaginar qué es lo que podría acabar con este poder”[3].
Es posible derrotar de nuevo a cualquier candidatura de la oposición fabricada en laboratorios de imagen política como si fueran hologramas. Ya lo hicimos sin las mañaneras, sin los índices de aprobación en la gestión gubernamental superiores al 70%, sin las más de 20 gubernaturas conquistadas por Morena, sin las mayorías en las Cámaras, sin las obras de infraestructura emblemáticas que hoy dan un renovado sustento a la fortaleza económica en México y sin el prestigio y liderazgo internacional recuperado en los pasados cinco años. La transformación del país depende de la acción colectiva de quienes estamos convencidos de que es posible construir otros mundos posibles a los que nos quieren imponer unos cuantos.
[1] El Ingeniero: Documental que narra la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas, para obtener la candidatura presidencial en el año 2000. – FilminLatino
[2] Al principio del documental vemos como un equipo de asesores de campaña norteamericanos proponen al Coordinador General de Campaña, Lucas de la Garza, gastar su presupuesto de medios de comunicación para promover su candidatura en lugar de visitar a las comunidades más alejadas, ya que la cobertura noticiosa de estos actos sería muy limitada. Estos asesores formaron parte de la exitosa campaña de Bill Clinton de 1992 que quedó plasmada en el documental The War Room (1993) | The Criterion Collection
[3] Reflexiones. «MILAN KUNDERA Y LOS TIEMPOS QUE CORREN» Por Clara Patricia Montoya