Las conversaciones en comunidades de redes sociales, en especial las de grupos de WhatsApp, han servido para que los interlocutores encuentren respaldo para validar sus prejuicios frente a los participantes del grupo, aunque lo que escriban no tenga sustento en la realidad. Utilizan como combustible la frustración política, usan palabras que no dirían en conversaciones cara a cara y apabullan con violencia a las voces que disiden para mantener la ilusión de solidaridad del grupo con sus emociones —así como una plática de borrachos—. Lo anterior, ha creado un fenómeno de interacción muy disfuncional que debería obligarnos a replantear la manera de relacionarnos en sociedad.
La emergencia en Acapulco por los efectos del devastador huracán Otis provocó la más reciente edición de campañas de mentiras y desinformación en redes sociales. Tuvieron su origen en la construcción mediática de “AMLO es un peligro para México” de las elecciones de 2006 basadas en el miedo[1]. Después evolucionaron al discurso de odio que hoy conocemos como Operación Berlín[2] que en 2016 buscó detener la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República. Fue encabezada por Enrique Krauze y Fernando García Ramírez, con una carencia total de escrúpulos y un presupuesto ilimitado financiado por Agustín Coppel, presidente y director general de Grupo Coppel; Alejandro Ramírez Magaña, director general de Cinépolis y Germán Larrea, presidente del consejo del Grupo México. Sin embargo, acabó teniendo el efecto contrario en las urnas por lo vil, despreciable e inverosímil de sus argumentos.
La narrativa del miedo y el discurso de odio siguen perdiendo efectividad conforme se hacen evidentes los resultados en materia económica, generación de empleo y reducción de pobreza y desigualdad. La población que se considera anti-obradorista se redujo de un tercio a tan solo una quinta parte durante el pasado año[3]. Esta crisis de credibilidad les ha llevado a explotar miserablemente las tragedias humanas, como la de Tlahuelilpan durante el combate al “huachicol”, la emergencia sanitaria por pandemia, la crisis del agua en Nuevo León de 2022 y 2023, así como lo hacen ahora con el huracán Otis[4]. Por lo mismo, aumentaron las dosis de odio para que una muy disminuida minoría fanática y radicalizada les siga creyendo el cuento de la supuesta tragedia que vivimos.
Comunicadores —embriagados de odio hacia el Presidente— han desarrollado una cantidad impresionante de conocimientos profundos y espontáneos sobre una variedad de temas muy concretos. Son capaces de hablar de cualquier cuestión para argumentar el por qué todo lo que hace el gobierno está mal y cómo cualquier Presidente del pasado, incluso con sangre en sus manos, fue mejor. La nota difundida por Carlos Loret de Mola y el canal Latinus falseando una comunicación de la Cruz Roja, que la misma institución humanitaria desmintió al tiempo que atendían la emergencia por el huracán[5], es análoga a la patología narcisista de los alcohólicos que mienten cuando están sobrios[6]; y es la mejor evidencia del desprecio que le tienen a su audiencia, quienes para confirmar sus prejuicios desde la frustración se suman a la infodemia cuando comparten noticias falsas llenas de odio[7].
Los voceros del golpismo mediático, —repetitivos e hipócritas— orientan oportunamente cuándo invertir en dólares y comparten valiosas recomendaciones que dudosamente aplicarían en su vida personal. También invitan a las personas a actuar en contra de sus propios intereses, como cuando sugieren escatimar las cuotas al IMSS, del cual la misma población que tratan de convencer dependerá para su pensión y para atenderse cuando ya no les alcance para pagar la salud privada. La intoxicación —sea alcohólica o de odio— disminuye la capacidad intelectual y el nivel de conciencia e incluso les vuelve hostiles, como Vicente Fox, que tiene puesta una mentada de madre a quienes nos gobiernan en su cuenta de “X”, tal vez porque después de emborracharse al día siguiente no recuerda nada de lo que dijo la noche anterior, uno de los síntomas inequívocos de los problemas de adicción[8].
Pero lo más irónico de todo es que embriagar a la población con un discurso de odio no les ha ayudado a posicionar un proyecto político alternativo. A pesar de tener el privilegio de tener acceso a las audiencias de los medios hegemónicos con quienes comparten los mismos intereses oligárquicos, la realidad es que estas narrativas ya no permean en una sociedad que rechaza este discurso perverso, y sin necesidad de contradecirlos ni censurarlos. Hemos logrado ignorarlos como quien se aleja de las conversaciones de un borracho, los hemos dejado hablando solos.
[1] En busca del voto del miedo: la construcción mediática de lópez obrador como un peligro para méxico durante la campaña presidencial de 2006
[2] Operación Berlín Conjura Anti Andrés Manuel López Obrador Reportaje elaborado con el testimonio de Ricardo Sevilla bajo el pseudónimo de Miguel Angel.
[3] Buendía & Márquez Mayo 2023: A pesar de que la palabra polarización se menciona continuamente en el discurso mediático y opositor, solo 21% se considera anti lopezobradorista, 10 puntos porcentuales por debajo de lo registrado en la encuesta de mayo 2022.
[4] AMLO presenta el plan de reconstrucción y apoyo a Acapulco por el huracán Otis
[5] Para muestra aquí el comunicado de la Cruz Roja, desmintiendo la información difundida por Latinus y Loret, sobre «el bloqueo» de las donaciones de la gente por parte del gobierno.
[6] Narcisismo Político: Hablemos sobre cómo los políticos nos manipulan: Apuntes de Julia en TikTok
[7] Infodemia documenta campañas de odio de la derecha contra AMLO
[8] NO ME QUEDA MAS QUE DECIRLES CHINGUEN A SU MADRE A TODOS LOS QUE NOS GOBIERNAN. MILITARES O NO !! RESUELVAN ACAPULCO Y LA INMENSA DESGRACIA EN QUE ESTA NUESTRO PAIS (sic)