Ojos que ven, ¿corazón que piensa?

El tratamiento mediático que ha cubierto la invasión a gran escala de Rusia a Ucrania permite contrastar las narrativas hegemónicas de agresiones similares por parte de potencias occidentales. Ayuda, además, a entender las diferentes técnicas de manipulación de la opinión pública utilizadas para provocar una infodemia, como la que sufrimos durante la reciente pandemia. Que una potencia nuclear —miembro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y que no se encuentra alineada con los intereses occidentales— haya invadido a un país de Europa[1], ha permitido visibilizar a las víctimas del pueblo agredido como no se hacía desde la Guerra de Vietnam, momento estelar del fotoperiodismo, el cual influyó de manera decisiva en el devenir del conflicto.

Las primeras imágenes de fotoperiodismo de guerra fueron tomadas por Gerda Taro y Endre Friedmann reporteando la Guerra Civil Española bajo el pseudónimo Robert Capa[2]. En contraste con su valentía e independencia, la cobertura mediática durante la Segunda Guerra Mundial utilizó el entretenimiento como propaganda. Noticiarios cinematográficos que promovían una opinión pública favorable a la guerra, sin crear pánico, eran exhibidos previo a la proyección de las películas de Hollywood, que a su vez exaltaban el espíritu patriótico y reforzaban el discurso del enemigo común.

Cubriendo guerras subsecuentes los periodistas regresaron al frente de batalla y fue en Vietnam donde audaces fotoreporteros capturaron imágenes para mostrar una realidad que cuestionó los principios del excepcionalismo americano ante la opinión pública. La sociedad se movilizó de forma masiva forzando a su gobierno a una vergonzosa retirada. Un sentimiento pacifista de esta magnitud y un activismo antibélico tan efectivo no se ha visto en los EE. UU. desde hace 50 años[3].

El fin de la Guerra Fría facilitó la intervención norteamericana en Medio Oriente. Para la Operación Tormenta del Desierto la administración de Bush cambió las políticas de acceso a los medios[4]. Desde entonces los militares controlan las imágenes de los conflictos y cualquier filtración o voz disidente ha sido silenciada[5]. Los medios de comunicación estadounidenses socavaron su capacidad de ejercer cualquier perspectiva crítica sobre las intenciones y la conducción de cada una de sus guerras de las últimas tres décadas, al asimilar el lenguaje, la terminología y los supuestos de la administración federal. Desde entonces han actuado como agencias de relaciones públicas para los Departamentos de Estado y Defensa.

La narrativa despolitizante Ojos que no ven, corazón que no siente se impuso como en el filme Wag the Dog[6]. Con imágenes icónicas sembradas como filtraciones vimos someter a los líderes demonizados de los países que invadían. Se “hizo justicia” cuando aprehendieron a Noriega, enjuiciaron a Milošević, ejecutaron a Sadam Husein, depusieron a Zelaya y a Evo Morales o cuando lincharon a Gadafi, desviando así la atención de las víctimas de las invasiones a Irak, de los ataques de la OTAN a Serbia, de la represión golpista en Honduras y Bolivia o de la guerra civil en Libia. En ninguno de estos casos se plantearon hipótesis periodísticas que pusieran en duda los motivos declarados de cada misión.

Cuando Rusia invade Ucrania la narrativa se invierte. El líder de la nación atacada ahora es enaltecido y arropado por líderes de Occidente[7], y recibimos imágenes que, por fin, evidencian la crueldad del conflicto sobre la población civil de un país ocupado[8]. Funcionó la manipulación de los Señores de la Guerra. La empatía, solidaridad y compasión que sentimos por las víctimas de Ucrania se ha traducido en apoyo internacional en armamento mucho mayor que el que recibieron en vacunas contra el coronavirus en dos años[9].

Por no poder darse el lujo de perder audiencia si se cuestiona la narrativa oficial, los intereses de los medios de comunicación quedaron alineados con los del Pentágono.  Múltiples medios privados forman parte del aparato oficial de propaganda de guerra. Aquel fotoperiodismo independiente como el de Don McCullin[10] se sujeta hoy a una autocensura disfrazada de corrección política.

Luchar contra la manipulación mediática implica entender los sesgos y limitaciones del periodismo del entretenimiento. ¿Hasta cuándo nos haremos cargo nosotros mismos de controlar las fuentes de información para mejorar nuestra percepción de la realidad?

A pesar de que Rusia ya había intervenido en otras ex-repúblicas de la desaparecida Unión Soviética, Ucrania ha recibido mucha mayor atención en los países occidentales.
[2] Gerda Taro, Robert Capa y los peligros de firmar con un seudónimo masculino
[3] El movimiento contra la guerra de Vietnam en Estados Unidos (1964-1973)
[4] To what extent was the US military’s attitude towards the media during the 1991 Gulf War a product of its experience in Vietnam?
[5] Julian Assange: así fue la gran filtración de documentos clasificados en 2010 por la que EE.UU. pide la extradición del fundador de WikiLeaks – BBC News Mundo
[6] La guerra es un espectáculo  – Wag the Dog (1997) El film nos muestra el poder de influencia que tienen los médicos de comunicación sobre una sociedad donde la mayoría de la gente se queda simplemente con una primera imagen.
[7] ¡No están solos! Líderes del G7 expresan su apoyo a Ucrania y al presidente Zelensky
[8] Ante el dolor de los demás, Susan Sontag Al ver el dolor de los demás, en palabras de Susan Sontag, por fin sentimos empatía, solidaridad y compasión por las víctimas.
[9] Ucrania, más misiles que vacunas
[10] McCullin Documental del Fotoperiodista cuyas fotografías bélicas agitaron la conciencia de los lectores de la prensa británica  Disponible en línea.

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