Pobre Nobel, pobre Paz

 

Le Duc Tho, el líder militar del Viet Cong, recibió el Premio Nobel de la Paz junto con Henry Kissinger en 1973 por su papel en la negociación del Tratado de París[1], que estableció un alto al fuego: se retiraron las tropas estadounidenses de Vietnam del Sur y se liberó a los prisioneros de guerra. Sin embargo, Le Duc Tho se negó a aceptar el Nobel alegando que, si bien se había llegado a un acuerdo, la situación sobre el terreno no se había estabilizado y continuaban las hostilidades en la región. Sin importar lo anterior, y a pesar de estar en el ojo del huracán por su papel en el golpe de Estado en Chile, Henry Kissinger aceptó el Nobel de manera individual[2].

Pronto se revelarían importantes claves que dejarían en evidencia las intenciones del Comité Nobel de Noruega, y los distinguidos, con esta selección. En 1975, el Ejército Popular de Vietnam del Norte lanzó la ofensiva de primavera contra el Ejército de la República de Vietnam de Sur, lo que marcó el colapso del régimen prooccidental, la reunificación de Vietnam y el fin del conflicto bélico. Hubo múltiples consecuencias del mal cálculo de los noruegos por prestarse al juego geopolítico premiando al mismo tiempo al doctor Kissinger y a Le Duc Tho para mantener a Vietnam dividido, como hasta hoy ocurre con la nación coreana. Al quedar en evidencia el burdo intento de despojo de la mitad del territorio de Vietnam a cambio del relumbrón del premio, el prestigio del Nobel sufrió un descalabro, siendo hasta ahora el único Nobel de la Paz que ha sido rechazado.

Para Kissinger[3], la polémica desatada por aceptar el premio con las manos manchadas de sangre por el golpe en Chile, le permitió distraer la atención de sus maquinaciones para apuntalar la cotización del dólar,[4] llevando a cabo la mayor transferencia de riqueza del siglo XX. Utilizando como pretexto la guerra del Yom Kippur de octubre de ese año[5], manipuló a los países de la OPEP para promover un embargo petrolero que incrementó en 400% el precio del crudo y, a cambio de invertir sus petrodólares en bonos del Tesoro, les ofreció venderles armamento para defenderse de Israel, país al cual también los americanos protegen[6]. Las consecuencias de que el Nobel de la Paz armara a ambas partes del conflicto de Medio Oriente repercuten hasta hoy.

En contraste, el diplomático norvietnamita —con la firme convicción de que sería imposible disimular haber alcanzado la paz con un frágil cese al fuego, mientras no se garantizara la independencia y soberanía del pueblo de Vietnam— rechazó el premio y mantuvo sus opciones abiertas para liberar del colonialismo a su país. La estatura moral y el prestigio que alcanzó Le Duc Tho por no prestarse a simulaciones, puso la vara muy alta para quien recibiera un Nobel de la Paz en el futuro. Su ejemplar dignidad puso en evidencia a Barak Obama en 2009[7] quien, con menos de un año en el cargo, aceptó el galardón para luego convertirse en el mayor impulsor del uso indiscriminado de drones en la guerra contra el terrorismo que había iniciado su antecesor. En son de burla, desde su primer mandato lo apodaron “Commander in Drone” por un video —que, de no ser trágico, sería cómico— mostrando ataques a la población civil con su Nobel en mano, antecedente que ahora Israel utiliza para justificar las masacres contra sus enemigos dentro y fuera del país[8].

¿En qué estarían pensando los parlamentarios miembros del Comité Nobel Noruego? ¿Serían tan ingenuos como para imaginar que el carismático mandatario, al aceptar la condecoración, cambiaría la larga tradición militarista norteamericana? Porque por polémicas selecciones como estas no dejan en claro que su premio sirva para promover la paz, entendida como consecuencia de la justicia. Asimismo, alcanzar la paz se nos elude cada vez que una potencia ejerce su poder de veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas cuando se denuncian crímenes de lesa humanidad de sus países aliados. Para colmo, ahora se violenta la paz al abandonar la vía diplomática perpetrando ataques como el que sufrió nuestra Embajada en Quito o la sede consular de Irán en Damasco.

Mientras las naciones aprendemos a respetarnos para vivir en armonía, recordemos aquellas tristes, pero certeras, palabras con las que la periodista italiana Oriana Fallaci reaccionó a la noticia del premio hace 50 años en la reseña de su fascinante intercambio con Kissinger[9] en el libro Entrevista con la Historia[10]: “Pobre Nobel. Pobre paz”.


[1] El Tratado de París: Acuerdo que puso fin a la Guerra de Vietnam

[2] Cuando el destino nos alcance – El Soberano

[3] Matti Golan, Las conversaciones secretas de Henry Kissinger: diplomacia paso a paso en el medio oriente. New York, Bantam Books, 1976.

[4] Nixon y el fin del patrón oro: el mayor impago de la historia – Dani Fernández

[5] John M. Blair, El control del petróleo, Nueva York, Pantheon Books, 1976, p. 262-264

[6] Jack F. Bennett al Secretario de Estado Henry Kissinger, carta de febrero de 1975, Asunto: Special Arrangements for Purchase of U.S. Government Securities by the Saudi Arabian Government, reproducida íntegramente en International Currency Review, vol. 20, núm. 6 de enero de 1991.

[7] Barack Obama, el premio Nobel de la Paz que se convirtió en el primer presidente de EE.UU. en pasar sus dos periodos completos sin un solo día sin guerra – BBC News Mundo

[8] Commander-in-Drone

[9] Interview with History: Henry Kissinger | by Oriana Fallaci – Scraps from the loft

[10] ENTREVISTA CON LA HISTORIA – ORIANA FALLACI | Alibrate: Testimonio imprescindible del siglo xx. Ell único libro que permite acercarse al pensamiento y a la intimidad de los líderes mundiales que dieron forma al mundo en el que vivimos hoy. Es una gran obra, «a caballo entre el periodismo y la historia»,

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