Paciente curado, cliente perdido Versión Alterna

El nombramiento de Robert F. Kennedy Jr. como Secretario de Salud es la apuesta de Donald Trump para romper con el control que las compañías farmacéuticas, hospitales, aseguradoras y proveedores de equipos médicos tienen del sistema de salud norteamericano.

El nombramiento de Robert F. Kennedy Jr. como Secretario de Salud es la apuesta de Donald Trump para romper con el control que las compañías farmacéuticas, hospitales, aseguradoras y proveedores de equipos médicos tienen del sistema de salud norteamericano. A pesar de que es el más caro del mundo —ya que opera con un costo de 12,000 USD por habitante al año— no es capaz de brindar resultados en indicadores como la esperanza de vida, la mortalidad infantil y el manejo de enfermedades crónicas con respecto a otros países desarrollados. 

 

Hijo del exFiscal General de los EEUU, asesinado durante su campaña presidencial en 1968, Kennedy es un abogado ambientalista que ganó ante la corte del Estado de California un caso en contra del corporativo Monsanto. En 2023 abandonó las Primarias del partido Demócrata para hacer campaña como candidato independiente prometiendo poner fin a la captura de las agencias reguladoras gubernamentales, mediante la cual controlan a las mismas agencias que supuestamente regulan

 

Lo  intentaron desprestigiar, también, poniéndole la etiqueta de “antivacunas”, por criticar la falta de estudios que acrediten la seguridad de las mismas y así evitar que el mensaje central de su campaña trascendiera: destruir la lucrativa fórmula —que se convirtió en la norma de la industria— en que los reguladores y los jefes de las agencias federales pasan a ocupar puestos directivos en empresas de las industrias agrícola, alimentaria, farmacéutica y hasta del Pentágono. Con este contexto, podemos entender por qué Kennedy es blanco de ataques por parte del NYT y otros medios de la prensa corporativa controlada por BlackRock y Vanguard. No es casualidad que estos mismos fondos de inversión controlen las grandes empresas alimentarias y agrícolas, así como de los laboratorios que desarrollan las vacunas ARNm. (Las vacunas de ARNm pueden ser diseñadas y producidas en semanas, en comparación con los meses o años que requieren otras tecnologías, y esto es clave para responder a patógenos desconocidos o variantes manipuladas genéticamente de ántrax o viruela)

 

Sin embargo, y aunque formar parte del gabinete de Trump no es garantía de que podrá actuar en libertad, de ser ratificado por el Senado, Robert Kennedy intentará —con un sistema de salud fracturado, cuyo modelo de atención está basado en ganancias, con altos costos administrativos y compras descentralizadas de medicamentos, sin una adecuada regulación de precios— desplegar su estrategia para que “Estados Unidos vuelva a ser saludable” (Make America Health Again).

 

Otro obstáculo a vencer será el “círculo vicioso” creado entre las farmacéuticas y empresas alimentarias para lucrar tanto con los productos que generan problemas de salud como con los tratamientos necesarios para paliarlos. Los productos ultra procesados, ricos en azúcares, grasas saturadas y aditivos provocan enfermedades crónicas extremadamente lucrativas para la industria farmacéutica, ya que requieren tratamientos de por vida para controlar la insulina, la hipertensión o el colesterol. Mismos que, parece, fueron diseñados bajo el lema de “Paciente curado, cliente perdido”.

 

Gigantes como Coca-Cola, Nestlé o PepsiCo gastan millones de dólares en cabildeo para evitar restricciones a sus productos y, pese a la evidencia sobre los efectos negativos de estos alimentos, las regulaciones sobre publicidad para niños y etiquetado nutricional son laxas en comparación con otros países como México o Chile. Estas dinámicas de mercado y las estructuras de poder en las industrias farmacéutica y alimentaria están alineadas de tal manera que perpetúan problemas de salud prevenibles.

 

Por otro lado, las críticas de Kennedy a las vacunas de tipo ARNm aplicadas a la población infantil sin estudios determinantes de que son seguras, amenazan los intereses del Pentágono ligados a cuestiones de seguridad nacional ante amenazas biológicas y pandemias. El objetivo del Departamento de Defensa por el dominio estratégico de armas biológicas modernas requiere mantener una infraestructura y plantel científico que demanda presupuestos exorbitantes. Al imponer una batería de vacunas obligatorias cada vez más extensa a la niñez norteamericana es posible financiar indirectamente sus programas de colaboración con Moderna, BioNTech y Pfizer para desarrollar estas tecnologías en lugar de depender de su propio presupuesto de defensa. (Hoy en día, un niño norteamericano puede recibir hasta 72 dosis de vacunas, incluyendo refuerzos, desde el nacimiento hasta los 18 años, dependiendo del estado y las recomendaciones locales)

 

Robert F. Kennedy Jr. enfrentará a los poderosos intereses financieros y militares que tienen secuestrado el bienestar de la población norteamericana. Los medios corporativos de comunicación atacarán despiadadamente a su persona y su gestión, como ocurrió en México con el doctor Hugo López-Gatell, quien como subsecretario de Salud elaboró y cabildeó durante la legislatura pasada la Ley General de la Alimentación Saludable y Sostenible, que dio fundamento al programa “Vida Saludable” el cual, a partir de marzo de 2025, impedirá la venta de ultra procesados y bebidas azucaradas en las instituciones educativas. La industria de productos chatarra nunca se lo van a perdonar, pero futuras generaciones de mexicanos, que podrán gozarán de mejor salud, de seguro estarán muy agradecidas.

 

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