Preprimarias

Preprimarias
Preprimarias

Esta práctica, tan arraigada en la vida democrática norteamericana, quedó plasmada en uno de los documentales más representativos del cinema verité: Primary[1]. El filme sigue a John F. Kennedy y a su rival del partido Demócrata, Hubert Humphrey, en sus actividades de campaña para las elecciones primarias del estado de Wisconsin en abril de 1960. Con un equipo de video y sonido ligero para la época, los atrevidos cineastas, captaron con cámara en mano la realidad sin filtros utilizando técnicas periodísticas. Como resultado, se muestran las elecciones primarias que marcaron la ruta que llevaron al Senador Kennedy hasta la Casa Blanca, los enormes desafíos que los candidatos enfrentaron en campaña y cómo fueron recibidos por las comunidades visitadas.

Además de los trayectos por las estrechas carreteras rurales, los discursos para entusiasmar a la gente, las entrevistas en radio y televisión para convencerles y la tensa espera de los resultados el día de la votación, las conversaciones cara a cara con los ciudadanos sobre las posturas políticas fueron de los temas más relevantes para la comunidad porque exigían a los candidatos niveles astronómicos de empatía y conocimiento de las comunidades visitadas. Estos esfuerzos de los candidatos, acompañados de sus cónyuges y equipos de campaña, para darse a conocer y pedir el voto también contribuyen de manera extraordinaria a politizar a toda la ciudadanía, incluso a infancias y jóvenes que aún no están en edad de votar, como se puede observar en las múltiples interacciones de los candidatos que muestra el documental.

Ahora que al menos una decena de aspirantes de ambos bandos empieza a transitar por el país, se puede sentir de nuevo la emoción y energía que surgen en actos multitudinarios que abordan los temas públicos. Y es que, para conquistar la voluntad popular, los postulantes tienen que desarrollar el arte de la elocuencia, ya que los filtros y trucos de los medios de comunicación masiva y las redes sociales no son útiles en la Plaza Pública. Una mirada a los ojos, una sonrisa, un apretón de manos, son mucho más conmovedores que el discurso mejor preparado por una agencia de imagen y producido en un estudio.

Dentro de un año sabremos quién de estos personajes ocupará la Presidencia de la República a partir del primero de octubre de 2024. Por lo que las promesas y propuestas que están haciendo desde ahora, se convertirán en compromisos morales durante toda su gestión, y para toda la vida para quienes les escucharon en persona. También tengo la certeza de que las decenas de miles de registros digitales de los actos políticos serán más vinculantes que los compromisos ante un notario por el hecho de haberlos contraído en persona, cara a cara y a la vista de todos en el espacio público.

Con lo anterior, ya ganamos todos, y bastante, pero el mayor beneficio para la vida democrática en México será el efecto multiplicador de conciencia política que tendrá en la población la discusión sobre los temas públicos que están detonando las actividades proselitistas de quienes aspiran a obtener el voto popular para conducir los designios de la nación desde el cargo más alto de elección libre, periódica y transparente que nuestra Constitución contempla. Bienvenidos estos actos «no-anticipados de no-campañas» que llamaremos preprimarias, porque serán la base fundamental para continuar la transformación de la vida pública de México, y bienvenidos los esfuerzos de los “no precandidatos” cuyas acciones para relevar la antorcha con llama de la esperanza contribuirán a esparcir por todo el territorio nacional, el renovado interés por hacer política.

 

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