Recuperar el territorio

La película El norte sobre el vacío[1] está inspirada en el caso de Alejo Garza Tamez, un empresario y cazador neoleonés que fue asesinado en noviembre de 2010 al enfrentarse con unos criminales que intentaron despojarlo de su rancho ubicado a orillas de la presa Las Adjuntas a 15 kilómetros de Ciudad Victoria, Tamaulipas[2]. Sin embargo, la película, más allá de narrar dicho evento, se convierte en una reflexión inesperada sobre a quién le pertenece la tierra y cómo el patriarcado ha sido parte de esta misma conquista del territorio en la construcción del tejido social de México. Cuando la dinámica familiar y de los empleados del rancho es trastocada ante el reclamo violento del terreno en donde está ubicado el rancho de Don Alejo, la inteligente trama nos lleva a preguntarnos: ¿de quién es la tierra? ¿Del que la hereda, del que la compra, del que la roba, del que la trabaja?

La narrativa contrafactual de la película permite identificar algunas causas subyacentes de la violencia en México que son eludidas por la mayoría de los reporteros, documentalistas y escritores que tratan de explicarla desde la óptica del “abandono del Estado” o el “Estado fallido”, explicaciones que evitan la confrontación con las estructuras de poder que, en muchos casos, son las mismas que financian los reportajes, documentales y series de narcos.

Evadir la tensión derivada del hecho de que quienes viven de trabajar la tierra no son ni sus dueños ni quienes la heredan, impide ver que existen arreglos sociales muy injustos. Desviar la mirada del hecho que las nuevas generaciones que heredarán la propiedad no son sensibles de lo que implica vivir del rancho, nos dificulta entender por qué se hace cada vez más insostenible la tierra como fuente de sustento y prosperidad para quienes ahí viven, y por tanto son orillados a emigrar desposeídos de lo único que tenían, su vínculo con el territorio.

La consecuencia lógica del provocador guion del filme es que quien se proclama dueño de la tierra y quien reclama su propiedad de manera violenta no tiene más derecho que los pobladores originales, es decir, de quienes en algún momento de la historia fueron despojados de lo que legítimamente les pertenecía y fueron obligados a trabajar para el dueño en turno. Y, por tanto, mientras no se remedie esta injusticia, seguirá latente un reclamo que ya ha sido violento.

La película, además, es una fuerte crítica al patriarcado que, junto con la propiedad privada, son estructuras que perpetúan las relaciones de poder y de prestigio social existentes. El problema del patriarcado, —dijo en una entrevista la también directora de Las niñas bien[3] Alejandra Márquez Abella— “es que se convierte en violencia y no nada más se expresa en la forma del machismo y no solo afecta a las mujeres. Afecta desde a la ecología e impone su violencia en todas las maneras posibles, con todas las expresiones posibles, con el clasismo, con el racismo, con el colonialismo”.[4]

El norte sobre el vacío recibió un subsidio del FOCINE[5] en la categoría de apoyos a la producción y es un gran ejemplo del espíritu del programa que otorga apoyos de manera directa para trazar nuevas rutas para las historias del cine mexicano, apostando por un cine de calidad, diverso, plural, incluyente, con igualdad de género y que es responsable con el entorno. Necesitamos construir historias que no estén condicionadas por financiamientos del filantrocapitalismo[6] que suelen ocultar las verdaderas causas de las injusticias y que nos desvían la mirada magnificando las fallas de nuestros gobiernos sin revelar ni evidenciar los intereses privados, como los recursos naturales o la relevancia geopolítica, detrás de la violencia atribuida de manera genérica a los “cárteles de la droga”. Con estos imaginarios sociales alternativos saldremos del discurso centrado en “las víctimas de la violencia”, como Don Alejo, para visualizar a las víctimas de las injusticias históricas y las relaciones de poder que oprimen y violentan a toda la sociedad y de la que los más vulnerables son con mayor frecuencia e intensidad sus víctimas.

Recuperar nuestro territorio en el más amplio sentido histórico significa algo más que “ir de fin de semana al rancho a echar bala con ropa de monte” implica replantear las relaciones de prestigio social entre todos los actores alrededor de la tierra: de los despojados y desplazados; de quienes se la apropiaron; de los seres vivos que viven de ella; de los que la trabajan; de los que la compraron y de quienes la heredaron.

 

Trailer de El norte sobre el vacío  Disponible en México en la plataforma Amazon Prime
Presa Las Adjuntas, último lugar de descanso de un pueblo sumergido
En mi texto Clasismo Frágil hablé sobre el Film Las Niñas Bien
‘El norte sobre el vacío’, de Alejandra Márquez Abella, una reflexión sobre la masculinidad
Programa de fomento al cine mexicano (FOCINE)
Fundaciones: 100 años de filantrocapitalismo en México y en el mundo
 

Recuperar el territorio

 

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