Con 1938 estamos ante un cine hecho con rigor y convicción que incomoda, cuestiona y exige al espectador una profunda reflexión sobre la lucha por los recursos, la dignidad y la memoria política, que sirve de guía e inspiración para defender con inteligencia nuestra soberanía ante la guerra comercial y lo que derive de ella.
En otro desesperado esfuerzo para abrir la puerta a una intervención militar extranjera, la oposición recurre a campañas negras en el reciente caso del Rancho Izaguirre en Teuchitlán, Jalisco, tratando de endosar al Obradorismo la responsabilidad de los desaparecidos —una de las más terribles tragedias provocadas por los gobiernos del PRIAN— traicionando cualquier pretensión de verdad y justicia.