«Un banquero es alguien que te presta su paraguas cuando hace sol, pero lo reclama tan pronto como empieza a llover».
Mark Twain
En las décadas de 1930 y 1940 en la Unión Soviética la urbanización y la industrialización forzada provocaron un aumento de la población en las ciudades, lo que exacerbó la escasez de vivienda. Para hacerle frente surgieron las komunalkas, apartamentos comunales donde varias familias vivían compartiendo espacios como la cocina y el baño. Este tipo de vida significaba una de las peores facetas del comunismo para quienes crecimos durante la guerra fría, por eso me llamó la atención la representación idealizada de un grupo de amigos que viven en departamentos compartidos en Nueva York, y que forman el reparto de How I Met Your Mother; una serie que resalta como el espacio compartido fomenta experiencias, amistades, y lazos afectivos que enriquecen la vida urbana.
Anticipando la crisis inmobiliaria de 2008, que aceleraría la concentración de activos residenciales en las manos de los grandes fondos inmobiliarios, la serie ha servido de inspiración y manual de autoayuda para sobrellevar la vida en común a una generación de jóvenes profesionistas que tienen que compartir sus viviendas de manera indefinida al no tener alternativas a su alcance para llevar una vida independiente. Paradójicamente los modelos de mercado capitalistas, controlados por fondos de inversión como Blackstone y BlackRock, son quienes obligan a las personas —que ingenuamente piensan que viven en el mundo libre— a replicar el estilo de vida que se les impuso a quienes vivieron bajo un régimen comunista.
Si bien existe el caso de la megalópolis de Tokio —exitoso por ofrecer vivienda accesible y suficiente para todos, convirtiéndola en la ciudad más poblada del orbe[1]—, la mayoría de las metrópolis no han logrado solucionar el problema de vivienda para su creciente población, situación que aprovechan los fondos buitre para acumular propiedades. Estas carteras —donde los activos inmobiliarios son una inversión financiera y especulativa y que son las de mayor valor a nivel global[2]— no tienen la intención de proveer vivienda social, ni mejorar el acceso a la vivienda en sí, pero controlan indirectamente el mercado de alquileres, regulando los precios y limitando el acceso a quienes pueden pagar las rentas impuestas por el mercado.
A medida que los precios de la vivienda se disparan en las grandes ciudades, estas funcionan cada vez más como clubes privados, subastando al mejor postor, entre nómadas digitales y turistas, un número limitado de viviendas a precios exorbitantes y, de esta manera, expulsan a los pobladores originales hacia la periferia degradando el tejido social de los barrios populares en las zonas con mejor urbanización.
Durante la pandemia el caso de la gentrificación en las colonias Roma y Condesa de la CDMX fue notorio a nivel mundial[3]. Sin embargo, este es tan solo un síntoma del problema estructural al que habría que agregar el déficit acumulado de 9 millones de viviendas desde que se le quitó el carácter social al INFONAVIT en 1992; las decenas de miles de propiedades embargadas a quienes no pudieron renegociar su deuda en UDI después del “error de diciembre” de 1994; y el rotundo fracaso de la CONAVI, establecida hace casi 25 años, responsable de que existan más de 5.7 millones de casas deshabitadas, el equivalente al 15% del total de la vivienda disponible en el país, provocando invasiones y cartera vencida.[4]
El gobierno humanista de Claudia Sheinbaum plantea garantizar el derecho humano a la vivienda excluyendo al capital inmobiliario especulativo de la ecuación. Como primer paso se ha aprobado de manera unánime en el Senado la reforma al Artículo 123 Constitucional, que le devuelve al INFONAVIT la posibilidad de construir y arrendar casas habitación. Al dejar de funcionar como “agencia inmobiliaria” el Instituto evitará que la oferta de vivienda popular sea capturada por fondos buitre.
Sin caer en la retórica trasnochada de la lucha de clases que enfrenta a poseedores y desposeídos, a quienes tienen recursos contra los que no tienen, entre quienes viven de su trabajo y los que viven o aspiran a vivir de sus rentas inmobiliarias, México se pone de nuevo a la vanguardia al incidir de manera directa y decidida a favor de los compradores particulares de vivienda frente a los grandes fondos de inversión extranjeros. Solucionar el problema habitacional para los más pobres de México, servirá para que las clases medias precarizadas recuperen el sueño de que sus hijos tengan casa propia, aunque algunos alucinen que el camarada Stalin gobierna México.
[1] En el último medio siglo, al invertir en el transporte público y permitir la construcción de nuevas viviendas de manera planificada centralmente, la ciudad ha agregado más unidades de vivienda que el número total de unidades en la ciudad de Nueva York. Sin embargo esto ha sido en detrimento de las zonas rurales que se están despoblando de manera acelerada y la oferta de áreas verdes y zonas de convivencia social es mínima.Opinion | How Tokyo Achieves Affordable Housing – The New York Times
[2] Estimado en alrededor de $379.7 billones de dólares, superando ampliamente mercado global de capitalización bursátil, que se situaba en $109 billones de dólares y al mercado de bonos, —incluyendo tanto deuda gubernamental como corporativa— que se estimó en $133 billones de dólares. Total Value of Global Real Estate: Property remains the world’s biggest store of wealth | Savills Impacts
[3] La Crisis de los Nómadas digitales y su impacto en la vivienda en CDMX | LA BASE
[4] Los subsidios públicos que se invirtieron desde que nació el programa de CONAVI en el gobierno de Vicente Fox quedaron en manos de los desarrolladores Geo, Homex, Urbi y Sare —a los que luego hubo que rescatar de nuevo con dinero público— y por otro lado millones de trabajadores que adquirieron su vivienda mediante una hipoteca tuvieron que abandonar sus propiedades, ya que estas se construyeron en áreas periféricas, lejos de centros de trabajo, escuelas y hospitales y sin los servicios básicos de urbanización y transporte, y hoy se encuentran vandalizadas.